Reflejos del mar

Sentado en el embarcadero, Luis volvió los ojos al mar. Su tersa superficie le devolvió el reflejo de las barcas cercanas. Reflejos del mar. Llamativos colores que parecían aliviar su viejo corazón traicionado, pero que tristemente se difuminaban con el paso de los segundos hasta perderse en el más profundo de los silencios.

Aún recordaba haberse levantado esa mañana, como cada día durante los últimos 12 años, en la cama de su lúgubre habitación, solo, sin más compañía que la de su vieja fotografía del teatro Rosicky donde había estado actuando durante mucho tiempo para los que, como él hoy, necesitaban un poco de vida fuera de su propia vida. Entre sollozos incontenibles, le habían dicho la tarde anterior que no podían aguantar más, que la crisis, aquella maldita crisis, estaba resultando demasiado dura y que habían de cerrar el teatro…

Sólo esa mañana, al despertarse, se dio cuenta de cuánto lo quería, de cuánto había perdido el tiempo dejándose llevar, sin ofrecerle nada desde el corazón, sino días de rutina, de mucho trabajo y de poco tiempo. Y sentado en aquel embarcadero, en el silencio de la noche que ya caía, la luna, como si nada hubiera pasado, le recordaba con su brillo alegre los muchos momentos vividos en el escenario, en aquellos primeros años de actor, cuando aún disfrutaba. Pero el tiempo, como el mar, le difuminó la ilusión por su trabajo, por la interpretación, por su público al que se debía, y del que nunca debió apartarse.

Muelle frente al mar

Solo. ¿Solo?. Sí, ahora lo estaba, como quizás lo había estado aquel teatro durante los últimos años. La interpretación, desde pequeño, era para él como una amante; alguien a quien debía toda su entrega, pero el tiempo hace mella y el cansancio, los infortunios, y las desesperanzas se habían apoderado de su alma.

Aún así, siempre había pensado que habían navegado juntos, que no necesitaban más que aquella luna que cada noche enrojecía el mar y que les permitía ir apartados del mundo, pero no. No es suficiente. Nunca es suficiente. La vida y el amor y el trabajo, sea por lo que sea, se alimenta de pequeños momentos, de gustos comunes e ilusiones propias, de apoyos y muestras de cariño.

El cielo, por muy estático que nos parezca, nunca es el mismo. Está en permanente cambio y nos dibuja las más asombrosas de las figuras. “Así deberíamos ser nosotros”, pensó Luis. “Cambiar constantemente, evolucionar y mostrar lo mejor de nosotros”. “Por aquel teatro… y por todos”.

El cielo, que siempre nos cubre bajo su manto, pero que tantas, demasiadas, veces nos muestra sus más oscuros nubarrones, ennegreciendo el camino.

¿Sólo? Sí, sólo. Cuando ya es tarde, cuando ya hemos de afrontar nuestro camino en soledad, con nuestro reflejo, difuminado o no, es cuando nos damos cuenta de los errores cometidos. Y es cuando queremos rectificar. Cuando ya no cabe la solución. Y no nos damos cuenta que la solución que no parece llegar es la misma que nos ofrece una nueva posibilidad… porque la vida está llena de soluciones y posibilidades.

Todas estas fotos pertenecen a una lectora amiga quien nos la ha ofrecido: Lorena Torres. Ella ha viajado por Italia, por Croacia, por Chile y ha querido compartir estos viajes con nosotros; ha tenido esa oportunidad que muchos añoramos de vivir diferentes culturas y de conocer mundo. Toda una vida en fotos magníficas, la verdad. Gracias por las fotos.

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15 comentarios

Comments RSS

  1. yara dice:

    que bonito ojala que jamas se terminen esta bellesas para seguirlas admirando…

  2. Carina dice:

    hola queridos fotografos! la verdad es para admiracion sus fotos eh!

  3. fanny colldi dice:

    UN SALUDO DESDE COLOMBIA FANNY COLLDI HERMOSAS FOTOGRAFIAS Y PAISAJES BENDICIONES QUE CONTINUEN COMPARTIENDO CON NOSOTROS ESTAS MARAVILLAS ♥

  4. Karina dice:

    QUE HERMOSO E INSPIRADOR QUE GANAS DE SEGUIR ESCRIBIENDO LO MUCHO QUE TENEMOS POR CUIDAR DE NUESTRO HERMOSO PLANETA !!!

  5. Lourdes Veliz dice:

    Tremendas fotos, el mar es muy edificante, nos relaja, su brisa nos acaricia, nos da momentos de esparcimiento y sobre todo nos da de comer, por eso debemos cuidarlo, todos hemos contribuido a su destruccion, es hora ya de protejerlo.

    Lourdes

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