Cae la tarde… el Sol se pone

Cae la tarde

Hace frío hoy en Tenerife. El viento azota la puerta de mi terraza mientras entra por las rendijas, emitiendo su peculiar silbido a veces tenebroso. En el horizonte unas pesadas nubes negras son el primer aviso de la tormenta que se avecina. ¡Cerrad puertas y ventanas! nos aconsejan en la isla. La alerta roja se activa en previsión de una nueva tarde agitada…

¡El Sol! lo echo de menos. El material, y el inmaterial. El calor necesario para recobrar las energías perdidas. La luz para saborear de nuevo los colores de la vida.

Necesito que el efímero tiempo de cada ocaso se eternice. Que se alejen las oscuridades y esos últimos rayos diurnos no dejen paso a la noche. Hoy no.

Flor y nubes

Necesito sentir que el cielo se abre y que las densas nubes pierden su espesa forma para dejar pasar el fuego de su corazón.

Atardece en el bosque

Necesito que su luz marque el camino. Que ni los bosques puedan detenerlo. Que se disipen las brumas, y dibuje estelas doradas entre los árboles…

Atardece en Rapa Nui

Necesito que hasta las piedras se estremezcan. Que no sean necesarias las lágrimas para despedir su luz. Que el rojo y amarillo del caer de la tarde vuelvan a tornarse radiantes azules…

Gaviotas y sol

Necesito volver a levantar el vuelo.

Ocúltate, Sol. Llega la noche. Yo aquí te espero, sentado en la orilla. A que el amanecer te traiga de nuevo a mi lado…

Foto 1: James Whitesmith
Foto 2: Nebojsa Mladjenovic
Foto 3: Frank Wuestefeld
Foto 5: esther**

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